Camino de otros días. Capítulo 1: Comienzo y final (Parte

Para leer el prólogo, hagan clic en el siguiente enlace: https://ilustracuentos.wordpress.com/2017/01/04/camino-de-otros-dias/

Para leer la primera parte del primer capítulo, hagan clic en el siguiente enlace:

https://ilustracuentos.wordpress.com/2017/02/13/camino-de-otros-dias-capitulo-1-comienzo-y-final-parte-1/

Capítulo 1: Comienzo y final (Parte 2)

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Solestelar estaba peinando sus largos cabellos azul oscuro, mientras observaba el cielo nocturno. Deseaba vislumbrar el amanecer antes de que su existencia se acabara por completo.

La noche se iba aclarando. Un viento suave y frío rozó su piel, por lo que volvió a cubrirse con una mantita blanca que siempre llevaba a cuestas.

Mientras esperaba, se acercó a ella Uryan, un amigo con quien solía jugar o, simplemente, charlar de nimiedades.

  • ¿Cómo te sientes, Solestelar?- Le preguntó Uryan, sentándose a su lado.
  • Normal- Le respondió Solestelar- No sé qué me esperará después. Solo deseo alcanzar a ver el amanecer antes de abandonar este mundo.

Uryan observó los largos cabellos de Solestelar. Los acarició y, suavemente, los recogió en una cola de caballo.

  • ¿Por qué lo hiciste?- Le preguntó Solestelar.
  • Porque será la última vez que podré tocarte- Le dijo Uryan, seriamente- Quisiera estar contigo para siempre, pero debemos evolucionar. Dejarás de existir en este mundo y eso me duele, porque ya no podré hablar contigo.
  • Es nuestro destino. No se puede hacer nada- Dijo Solestelar, encogiéndose de hombros- Hace fresco. Te prestaré mi manta.

Uryan y Solestelar se cubrieron con la manta. Uryan también tenía los cabellos bien largos, solo que de color verde oscuro. Solestelar le hizo una larga trenza antes de que saliera el sol.

  • ¿Por qué lo hiciste?- Le preguntó Uryan, observando su trenza.
  • Porque te ves más lindo así- Le respondió Solestelar, con una sonrisa.

Ambos se abrazaron y se quedaron ahí, juntos y quietos, a la espera del amanecer.

Poco a poco, los rayos del sol se asomaron en el horizonte. Uryan sintió tanta emoción por aquel amanecer, que tuvo ganas de llorar. Solestelar solo se atinó a mostrar una pequeña sonrisa, pero no lloró. Ya había asumido su realidad y estaba lista para desaparecer en cualquier momento.

Mientras el sol se asomaba, el cuerpo de Solestelar se iba transparentando de a poco, lo cual era posible ver a través de él como si fuese de vidrio.

  • ¡Qué hermoso el amanecer! ¿No es así, Solestelar?- Dijo Uryan, que ya no podía atajar sus lágrimas.

Solestelar no respondió. Poco a poco, se estaba volviendo etérea, hasta el punto de que Uryan cayó a un costado porque su cuerpo estaba perdiendo consistencia. Uryan dejó de observar el amanecer y solo se fijó en su amiga, que ya se estaba volviendo invisible. Lo último que quedó fueron sus ojos, que seguían contemplando al sol. Una vez que aquella gran estrella saliera por completo, los ojos se cerraron y desaparecieron por completo.

Solo quedó la manta, con que se habían cubierto ambos por el fresco de la noche. Uryan la arrugó y lloró encima de ella, sin dejar de pronunciar su nombre una y otra vez.

Cuando se secaron las lágrimas, siguió acostado en el suelo, encima de la manta y recordando cómo se iba desvaneciendo Solestelar. Solo esperaba que, estuviera donde estuviese, encontrara personas que la trataran bien, que no se olvidaran de los buenos momentos que pasaron juntos y que, en la próxima reencarnación, se volviesen a encontrar para seguir jugando o charlando de nimiedades.

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Sin título – Carmen María Recalde

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Rosa, ¿Qué tiene tu perfume?

¿Qué tiene tu color?

Ese rojo color a sangre

Que el me lo dio ayer.

 

Me lo dio junto  con sus ojos,

Con su sonrisa y con su beso,

Mis mejillas se encendieron al sentirlo,

Tan suave y distinta a los demás.

 

¿Qué quiso decir con esto?

No lo comprendo muy bien

Solo recuerdo que dijo:

“que esta rosa te confiese mi amor”

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Camino de otros días. Capítulo 1: Comienzo y final (parte 1)

Nota de autora: Si no ha leído el prólogo de la novela “Camino de otros días”, le invito a que lo lea, haciendo clic aquí

Sin nada más que añadir, lean la primera parte del primer capítulo.

Capítulo 1: Comienzo y final (Parte 1)

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Lucero acababa de conseguir un empleo. Enseñaría en una escuela primara a niños de primer grado. En realidad ya había enseñado antes, pero como ayudante o realizando pasantías.

Según la directora, el grupo a quien guiaría estarían compuestos por niños tranquilos y deseosos de aprender. Como estaban en primer grado, para ellos sería todo un desafío el aprender a leer y a escribir, así como también a contar, sumar y restar.

Lucero no tenía pareja ni hijos, más por falta de interés que por falta de oportunidades. Vivía en un departamento pequeño, prácticamente hecho para una persona soltera. Sin embargo, se sentía feliz. Era una mujer independiente, que sabía lo que quería. Muy alejada de aquella adolescente tímida y rebelde que era antes. Mientras sus compañeros leían revistas de moda o comentaban sobre sus relaciones amorosas, Lucero se la pasaba en un rincón, leyendo o dibujando. Los profesores no paraban de recomendarle que se relacionara más con sus compañeros, que participara en las clases y que también asistiera a los eventos extraescolares. Cada tanto accedía, pero solo para que la dejaran en paz. Después, volvía a vivir en su mundo.

Lucero llegó al colegio. Se había  puesto el uniforme asignado para los docentes, que consistía en una camisa blanca, pollera negra y zapatos bajos. Los alumnos, en cambio, se pusieron sus uniformes de gala. Las niñas usaban pollera azul oscuro con tirantes y camisa blanca, mientras que los niños usaban pantalones azul oscuro, camisa blanca y corbata azul. Muchos padres mostraban una gran emoción al verlos así, elegantes y limpios, como si fuesen muñequitos.

Aunque a Lucero nunca le gustaron los uniformes, tuvo que reconocer que le agradaba ver a los niños vestidos así. Se veían serios, ansiosos y, los más pequeños, no paraban de mirar por todos lados por encontrarse en un lugar muy diferente al kindergarden.

Entonces, Lucero observó a un niño pequeño. Era el único apartado de los demás. Estaba sentado encima de un banquito, cabizbajo y meditabundo, como si deseara estar en cualquier lugar menos ahí. Junto a él se encontraba su mamá… o eso supuso Lucero. Tenía la cara exageradamente maquillada, los cabellos teñidos de un rubio intenso y un vestido muy ajustado. La mujer acomodaba la corbata del niño, mientras le decía:

  • ¿Por qué esa carota? ¡Sonreí na un poco! Si no se te arrugará y ningún amiguito querrá jugar contigo.

El niño no respondió. La mujer, al ver que no podía hacer nada por él, se encogió de hombros y le dio un beso en la frente.

  • Debo irme. Pasaré a las doce. ¡Que te vaya bien!

Cuando la mujer se fue, Lucero se acercó al niño. Sentía que lo conocía de algún lado, pero no recordaba de dónde. Era como un dejavú.

El niño la miró. Tenía una expresión de tristeza y confusión. Para calmarlo, Lucero le sonrió y le dijo:

  • No temas. Seré tu profesora. ¿Te encuentras bien?

El niño no le respondió, pero movió la cabeza lentamente, de arriba abajo.

  • ¿No hablas? ¿Te comieron la lengua?- Le pregunto Lucero, intentando ser graciosa.
  • Extraño a mis amigos- Dijo el niño, al fin- Odio este lugar. Es feo.
  • ¡No digas eso! Seguro que aquí harás muy buenos amigos. ¿Cómo te llamas?
  • Yo me llamo Lucero. Te ayudaré para que puedas tener amigos y divertirte en esta escuela.
  • ¡No necesito tu ayuda!- Le gritó Manuel, que se levantó y se alejó de ella corriendo.

Un profesor, que lo había presenciado todo, se acercó a ella y le dijo:

  • Tranquila, son solo niños. No intente ser amiga de ellos o no la respetarán.

Lucero lo miró. Era un señor menudo, de cabellos cortitos y lentes de marco grueso. Él, al verla, se ruborizó. Pero la joven docente no lo notó.

  • Soy Lucero. Seré la profesora guía de primer grado- Se presentó la joven.
  • ¡Ah, Lucero!- Dijo el profesor, dándose un pequeño golpe en la frente- La nueva profesora. La acaban de contratar. ¿Cierto?
  • Así es.
  • Mi nombre es Jorge. Soy profesor de música. Si necesita ayuda o tiene dudas, puede acudir a mí. Siempre estaré disponible.
  • Gracias por la amabilidad. A lo mejor, un día de estos, podemos salir a tomar algo.
  • ¡Sí, claro! ¡Siempre es bueno encontrarse en otro lugar que no sea la escuela! ¿No? ¡jajaja!

Jorge era muy charlatán, por lo que a veces eso ocasionaba que no midiera sus palabras. Aún así, a Lucero le agradaba. Era una buena persona.

 

La próxima semana subiré la segunda parte de este primer capítulo 🙂

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Sin título – Carmen María Recalde

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¿Quién viene?

No, no puede ser

No, no te acerques

No me hieras otra vez.

 

¿Por qué viniste a perturbar mi dicha?

¿No eres acaso tú el responsable?

Sí, eres tú, y serás siempre

El terror, la maldición de mi destino.

 

He sido tan feliz hasta que tú llegaste

Mi alegría se notaba hasta en mis huellas

Y tú, despiadado y cruel

¿Viniste a eso? ¿Y para qué?

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Inquietud – Carmen María Recalde

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No sé si quiero llorar o reír

No sé si tengo frío o calor,

Tampoco sé si quiero morir

Solo sé que mi rostro se llena de sudor.

 

¿Ponerme triste? ¿Llorar de pena?

¿Reír de alegría o indiferencia?

¿Por qué alma mía no me contestas?

¿No ves que sufro y me desespero?

 

¿Qué harán esas nubes oscuras?

¿Subir hacia el cielo, o a la tierra bajar?

¿Qué harán estas penas tan hondas?

¿Quedan en el olvido, o recordar?

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