Amor de “novela”

Clara era muy apasionada por las telenovelas. Siempre las veía, en especial las que eran bastante románticas. Sus preferidas eran las de galanes que conquistaban el corazón de todas las mujeres que se encontraban a su paso. A veces hasta trataba de grabar los capítulos más emocionantes para volver a verlas una y otra vez.

Un día, vio un capítulo en que la protagonista estaba desmayada porque creyó ver a un ladrón. El héroe apareció, la alzó en brazos y la puso encima de un sofá. Ahí, la besó y ella despertó, feliz de ver a su amado.

Clara grabó ese capítulo para verlo cada vez que podía. Empezó a soñar que también vivía esa clase de situación, en la que un galán sin rostro se acercaba a ella, la besaba y le decía frases amorosas. También empezó a escribir poesías románticas, la mayoría sacadas de las novelas que veía. Empezó a desear estar enamorada de alguien, para así cumplir su sueño de vivir un amor de novela.

Semanas después, en el colegio, Clara tuvo un compañero nuevo. Era guapo, inteligente y bueno en los deportes. Su nombre era Guillermo y todas las chicas estaban enamoradas de él.

Clara, al verlo, se enamoró a primera vista. Desde esa vez, empezó a ser más arreglada y a escribir poemas dedicados a Guillermo. El problema que tenía era que todas sus compañeras también estaban enamoradas de él, por lo que ideó un plan para que el joven solo le perteneciera a ella.

El primer plan consistía en tratar de seducirlo de alguna forma. Empezó a leer revistas que daban consejos de cómo atrapar a un hombre, cómo ser más linda, cómo ser más coqueta, cuáles eran los lugares ideales para una cita, etc. Pero como ningún consejo le convenció, entonces decidió hacerlo a su modo.

Mientras iba al colegio, vio de nuevo al grupito de chicas que no paraban de suspirar por Guillermo cada vez que lo veían. Ya harta de celos, se acercó a ellas y les dijo:

–          Ya no se fijen tanto en él. Para que sepan, Guille es mi novio y soy muy celosa.

El rumor que la misma Clara soltó, recorrió todo el colegio en un abrir y cerrar de ojos. La muchacha, al ver en el lío en que se había metido, ideó un plan para atraparlo en el recreo, hacerle ver que lo amaba y que, de alguna forma, salieran juntos.

Ya a la hora del recreo, se acercó a él y le apartó de los demás. Lo llevó a un lugar donde había poca gente, mientras el muchacho se preguntaba qué estaba pasando. Ya cuando estaban solos, Clara lo miró a los ojos y le dijo:

–          Tú me gustas.

Guillermo no dijo nada al principio. La vio como una admiradora más, por lo que le dijo:

–          Discúlpame, pero no siento lo mismo por vos.

Clara se dio cuenta de que estaba perdida. Pero no se hizo problemas y le contestó:

–          No importa. Igual quiero que seas mi novio.

–          ¿Qué? ¿Acaso no escuchaste?- le contestó Guillermo, sorprendido por ver a una chica que no se daba por vencida.

–          Sí, pero mis amigas creen que tú eres mi novio. Por si no te diste cuenta, ya se corrió el rumor de que salimos juntos y todo gracias a mí.

–          ¡Eso esta mal! ¿Por qué lo hiciste?

–          Porque me gustas. Además, si sales conmigo, el número de “chicas molestas” disminuirá. Vamos, solo será por un mes. Y quien sabe, tal vez aprendas a amarme también. ¿Qué dices?

Guillermo lo pensó por un momento. Nunca le gustó mentir a nadie, pero también quería librarse de las chicas que, con sus voces chillonas, le decían cosas como “Bombón”, “Guapo” o más bien “Divino”, para luego gritar como locas como si nunca hubiesen visto a un chico. Observó a Clara, que de verdad era una chica linda y simpática. Ella parecía estar dispuesta a salir con él, a pesar de que no la quería. Al final, suspiró, dando a entender que aceptaba la propuesta.

–          ¡Qué bien! Ahora vayamos a clase- dijo Clara, muy contenta.

Al llegar a la clase, todos sus compañeros los vieron. Clara, para demostrar a todos que era cierto el rumor, besó a Guillermo. Él no pudo reaccionar a tiempo, así que no tuvo otra opción que seguirle la corriente.

Días después, Guillermo se sentía obligado a traer flores o bombones a Clara. La verdad, no entendía por qué seguía con esa farsa, pero no tenía otra opción para liberarse de las chicas que siempre lo seguían. Pero un viernes fue el colmo total, por lo que no tuvo otra opción que decirle a Clara la verdad.

Todo comenzó cuando estaban en el recreo. Clara y Guillermo caminaban juntos, mientras las mujeres los miraban envidiosas. Clara le había dicho al joven que ella se tropezaría, por lo que él, al verla en el suelo, tendría que alzarla en brazos como en las telenovelas.

–          ¡Eso ya es demasiado!- le dijo Guillermo- ¿No es suficiente con que todos crean que somos pareja?

–          ¿Pero qué dices?- le dijo Clara- Así será más emocionante. La vida real es aburrida, por lo que quiero que nuestro amor sea de novela.

–          Ya otra vez estás con tus ideas…

Caminaron un poco más, hasta que Clara pisó un cordón que desató para esa ocasión. Cayó al suelo, esperando que Guillermo cumpliera su parte. Todos los estaban mirando, esperando el momento.

Guillermo, entonces, alzó a Clara en brazos. Todos los compañeros pusieron expresiones de asombro, preguntándose de dónde sacaron tanta cursilería. El joven, rojo de la vergüenza y del esfuerzo, no pudo aguantar más y cayó al suelo junto con Clara.

La muchacha se sintió indignada con tan poca delicadeza.

–          ¿Acaso no eres capaz de alzar a una chica?- le dijo, furiosa por el fallido de su plan.

–          Pesas demasiado. Además, ya no quiero seguir con esta farsa- le dijo Guillermo, que se levantó de golpe y también estaba furioso.

–        Pero tuvimos un trato. Dijimos por un mes.

Clara se sintió triste por esas palabras. Recordó entonces un capítulo, en que el galán rechazaba a la protagonista y la dejaba al peor desamparo del odio y del rencor. Trató de que Guillermo se acercara a ella, pero él le dio la espalda y se fue. Las chicas sonrieron maliciosamente y se acercaron a Guillermo, alegrándose de que a Clara todo le fuera mal.

Realmente, Clara se sintió una tonta ese día. Se dio cuenta de que los hombres no eran como en las telenovelas románticas, y que los amores de novela muy pocas veces ocurrían. Así que decidió volver a su vida normal, limitarse a mirar las telenovelas y a escribir poemas de amor, mientras poco a poco olvidaba a Guillermo.

Al año siguiente, Guillermo salió del colegio y entró otro. Era más guapo y más inteligente, por lo que Clara sintió un amor más intenso del que había sentido por Guillermo. Entonces, decidió actuar con inteligencia.

Al principio, empezó una amistad. Iban al cine juntos, se reían de lo mismo y se ayudaban mutuamente. Con el tiempo, no necesitaron las palabras para decirse lo que sentían por el otro. Solo bastó una noche de media luna, cuando fue la fiesta de graduación. Ellos estaban solos, viendo la luna y las estrellas. Los dos estuvieron un poco incómodos, pero al mismo tiempo no querían separarse.

Al final, se abrazaron y se miraron a los ojos. Solo bastó una leve inclinación para que se dieran un beso apasionado, mucho más emocionante que todas las telenovelas y las historias de amor que existen en la actualidad y que a unos pocos encantan.

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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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Una respuesta a Amor de “novela”

  1. César dijo:

    que divertida historia y si, suele pasar lo que cuenta, depende del soñador aveces es que la chic@ sea parecid@ a la de la tv , desear encontrarse alguien así, u otros desean que sea con todo ese romanticismo casi devoto, en fin que estes bien.

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