Historia clasificada

Desde que tengo memoria escuchaba que, cuando el hombre llegó a la Luna, encontró una gran civilización en su superficie. Aquella podría ser la razón por la que no se realizaron más viajes espaciales. Los más realistas asumen que aquellas expediciones cuestan mucho dinero. A pesar de todo, las leyendas sobre el tema fueron uno de los motivos por el cual me convertí en astronauta.

Fue un entrenamiento muy duro, como si ingresara al el servicio militar de élite. Pero todo esfuerzo valió la pena, porque fui seleccionada para el nuevo gran proyecto de la NASA: el retorno a la Luna. La misión espacial consistía en establecer una base en nuestro satélite, seleccionar a unos cuantos para permanecer en la base y, una vez establecida la estación espacial, iniciar los preparativos para continuar el viaje en otros planetas.

El equipo estaba conformado por Charlie, Brian, Bob, Steve, Michael y yo, quien era la única mujer y la más joven del grupo.

Clasificada 1

Antes de partir, se me ocurrió preguntar si era cierto que se descubrió una civilización en la Luna que les impidió seguir con los viajes. Mis compañeros de equipo se rieron. Charlie interrumpió las risas diciendo:

–          Se dice que, por debajo de la superficie lunar, hay vestigios de que existió una gran civilización. Pero ten por seguro que la verdadera causa es por una cuestión económica. Esta clase de proyectos cuestan más de lo que te imaginas.

No mencioné el tema por largo tiempo.

Ya en la nave, Steve se acercó a mí y me susurró:

–          Eres muy valiente para insinuar aquello que insinuaste.

–          ¿A qué te refieres?- le pregunté, sin comprender.

–          Eso de que hay vida en la luna. No sé de dónde lo sacaste o quién te lo dijo. Pero quiero advertirte de algo muy serio y que pertenece a Información Clasificada: la NASA ha descubierto cosas increíbles con respecto a la luna y los planetas del sistema solar. Pero aquellos hallazgos no son revelados a la sociedad. Solo revelan el 10… ¡Qué digo! ¡Ni siquiera el 5% de los descubrimientos! Ocultan todo lo que podrían alterar a los civiles.

–          ¿Y por qué me cuentas todo esto?

–          Me pareces confiable. Además, estoy feliz de que hayan incluido a una mujer en la misión. El viaje sería aburrido si tuviese que compartir todo con hombres viejos y gruñones.

–          Siento que te me estás insinuando.

–          Puede ser. ¿Por qué no? ¡Eres linda e inteligente! Pero no te preocupes, no te haré daño. Por ahora, si quieres, podemos ser amigos.

Le di un pequeño empujón y me alejé de él. Steve me pasaba por cinco años, pero era muy extraño y no podía determinar si era un gran mentiroso o un divagador. Aún así, debo admitir que, en el fondo, me caía bien. A lo mejor porque era el único me trataba con amabilidad. El resto, en cambio, creían que cometieron un error al incluirme en la expedición, debido a mi juventud e inexperiencia.

Una vez realizado el conteo, despegamos. A pesar del entrenamiento, sentí cómo la sangre se me subía al cerebro y mi corazón latía desesperadamente. Cuando la nave atravesó la atmosfera, todo se calmó. Abrí los ojos y sentí la falta de gravedad como si flotara en una pileta profunda. Algunos se desabrocharon los cinturones y sintieron el gozo de poder flotar. Por primera vez, sentí que tuvimos empatía, porque experimentamos la misma sensación de libertad sin tener en cuenta nuestro peso o masa corporal.

Brian y Bob, los gemelos del grupo, terminaron con la diversión. Activaron la gravedad y dirigieron la nave hacia el destino deseado: la luna.

No hace falta añadir lo que pasó durante el trayecto: comimos, hicimos planes, establecimos quién recogería rocas y minerales de la Luna y descansamos.

Cuando llegamos, me dispuse a contemplarla. Siempre había soñado con ese momento y, por un instante, sentí que era el ser más afortunado del mundo por brindárseme la oportunidad de despegar de la Tierra, viajar por el espacio y pisar la Luna, algo que millones de personas nunca ni soñarán con lograrlo.

Clasificada 2

Una vez finalizado el alunizaje, Steve propuso que fuese yo la primera en salir de la nave, argumentando que ya hay un “primer hombre” que pisó la luna, por lo que debe haber una “primera mujer”.

Todos estuvieron de acuerdo con Steve. Como estaba tan emocionada, no protesté. Por lo tanto, me puse el traje espacial, controlé el oxígeno y, antes de salir, Steve me entregó una extraña caja negra.

–          Por si las dudas- me dijo, en un tono misterioso.

Abrí la caja y me encontré con un objeto extraño. Parecía una pistola, pero no era normal. No entendía el porqué Steve me daba un arma. No le pregunté nada. Lo guardé, abrí la puerta y salí de la nave.

No sé qué habrá sentido Neil Amstrong al pisar la luna. Pero yo me sentí completamente ligera. Era como si mis pies, en cualquier momento, despegaran y me dejaran colgada en el aire… ¡No sé cómo decirlo! ¡Sé que no existe el aire en la luna! Creo que lo correcto sería que me “quedaría flotando”. Sentí que mi cuerpo tenía la consistencia de una pluma. Si apareciese un gigante y me soplara, me expulsaría por completo al vacío. Al menos, esa fue la idea que se me pasó por la mente luego de dar “pequeños saltos” fuera de la nave.

–          ¿Todo bien?- me preguntó Steve, desde el comunicador que estaba incluido con el traje.

–          ¡Todo bien!- respondí, intentando mantener el equilibrio en un sitio carente de gravedad.

–          Los gemelos te acompañarán- continuó Steve.

Luego de decir esas palabras, de la nave bajaron Brian y Bob. Ambos eran tan idénticos que me era difícil identificarlos. El resto de la tripulación simplemente les decían “los gemelos B”.

Los tres, entonces, empezamos a dar saltos que terminaron por alejarnos de la nave completamente. Por lo tanto, regresamos dando tres saltos más.

Antes de que el resto de la tripulación bajara de la nave, Bob me preguntó el porqué Steve me dio esa extraña pistola.

–          No lo sé- dije, mirando el arma- creo que se está burlando de mí por lo que comenté antes de iniciar el viaje.

–          ¿Te refieres a la existencia de una civilización en este satélite?- preguntó Bob- bueno, confieso que nos causó gracia tu comentario y creímos que se habían equivocado al incluirte en la misión. Pero creo que Steve también, en el fondo, apoya esa idea.

–          Steve vio un OVNI de chico- dijo Brian, uniéndose a la conversación- Afirmó que salía de la luna. Creo que estaba soñando o comió algo raro. Sin embargo, esa arma que te dio es muy extraña. Nunca vi un modelo así.

Los tres formamos un círculo para contemplar la extraña pistola. Tenía una forma curva, hecha de una sola pieza metálica y, en el mango, tenía un botón rojo. Apunté hacia arriba a ver qué tal funcionaba y apreté el botón. Del caño, en vez de salir una bala, salieron varios destellos luminosos que alcanzaron velocidades sorprendentes. Esos destellos desaparecieron, sin caer hacia nuestra dirección o desviándose de trayectoria.

Steve y Michael ya se habían bajado de la nave cuando disparé. Steve mostró una extraña expresión de susto y, para mi sorpresa, me sujetó el brazo y me sacó el arma.

–          ¿Estás loca? ¡Es peligroso!- me dijo, sin dejar de soltarme.

–          ¿Cuál es tu problema?- le dije, dándole un empujón.

Él me soltó, lo cual contribuyó a que saltara hacia atrás, por impulso, y me alejara del grupo. Casi sentí que me lanzaron hacia el vacío, pero terminé en el suelo de espaldas.

–          ¡Tranquilo, Steve!- le dijo Michael- ¡Solo fue un accidente!

–          ¿Por qué le diste esa arma, Steve?- le preguntó Bob, desconfiado.

–          ¡Cierto! ¿De dónde lo conseguiste?- continuó Brian.

Steve no respondió a sus preguntas. Rápidamente, se acercó a mí, me ayudó a levantarme, me devolvió la pistola y me dijo:

–          No somos los únicos “seres vivos” de este satélite.

Luego de decir esas palabras, sentimos un temblor. Por instinto, apreté la pistola con las dos manos. Mis compañeros me rodearon, con la intención de protegerme. El temblor no duró mucho. Al final, todo volvió a la normalidad.

Clasificada 3

Nos subimos a una colina. Como yo tenía el arma, me situé detrás de ellos para protegerles la espalda. Aún seguía escéptica con las palabras de Steve, pero tenía ese presentimiento extraño, como si camináramos entre una extraña aldea de bandidos o mafiosos listos para atacarnos en cualquier momento.

Al llegar a la cima, vimos la causa del temblor. Un pequeño meteorito cayó cerca de nosotros. Me adelanté a mis compañeros y bajé de la colina, deslizándome, para contemplar de cerca el extraño objeto.

Tenía el tamaño de un cuarto. Era más pequeño que nuestra nave. Lo que me llamaba la atención era que la roca era completamente lisa y negra, sin fisuras ni daño alguno por el impacto.

Mis compañeros me gritaron, pero no les escuché. Estaba tan concentrada en el meteorito que no presté atención a nada más.

Entonces, un brilló de luz blanca y potente  me cegó. Grité por ayuda y a extendí los brazos, sin soltar la pistola. Los gritos de los demás desaparecieron. Era como si el comunicador se hubiese roto. Solo podía cerrar los ojos para que no me dañara la luz.

El brillo desapareció. Cuando abrí los ojos, me encontré frente a una extraña construcción arquitectónica. Miré hacia atrás, mis compañeros desaparecieron. En su lugar, había un gran desierto de arena blancuzca. Volví a mirar hacia adelante para contemplar esa extraña construcción. Estaba compuesta por pilares, arcos y techos planos. Todos de color de plata.

Por un momento creí que alucinaba. Para comprobarlo, palpé los pilares. Podía sentirlos.

Y mientras contemplaba la construcción, de entre los pilares, salió una niña. Era pequeña, de piel morena, con cabellos y ojos plateados y estaba completamente desnuda. En realidad no me llamó la atención de encontrar a alguien ahí, con ese aspecto y en un lugar deshabitado. Lo que más me llamó la atención fue que ella podía respirar sin oxígeno. A lo mejor los extraterrestres no necesitan del oxígeno para vivir.

La apunté con el arma con precaución. La niña no se movió. Seguía mirándome con aquellos ojos plateados, sin cambiar su expresión neutra y serena.

Detrás de la niña, apareció otro. Esta vez, era un señor alto, de dos metros, también de cabellos y ojos plateados y completamente desnudo.

Empecé a temblar. Rápidamente apunté al sujeto, pero ya no podía mantenerme firme. Eran personas. Lo sabía. Pero no eran terrícolas. Tampoco podía decirles “extraterrestres”, dado que era yo quien, para ellos, venía de otro mundo. Ellos siguieron mirándome tranquilamente, como si no se sintieran amenazados con el arma.

Por alguna razón, la respiración se me dificultaba. El tanque de oxígeno se me había acabando. Poco a poco, se me nubló la vista y caí de rodillas al suelo.

El sujeto y la niña se acercaron. Me sentía tan débil que ya no podía seguir apuntándoles con el arma. Mis brazos cayeron a los costados.

La pequeña estaba tan cerca que podía tocarla con solo extender mi mano. Ella, entonces, habló. No pude escuchar lo que decía, pero la vi moviendo los labios.

Perdí el conocimiento, creyendo que moriría ahí mismo. Acababa de descubrir que sí había vida en la Luna, que tienen su propia construcción arquitectónica y que pueden vivir sin oxígeno. Y sin embargo, con mucho pesar, sentí que nunca podría comunicar mi hallazgo al mundo. Pero algo bueno debe tener morir en la luna. Estaba tan cerca del cielo que solo faltaba dar unos saltos más y llegar al paraíso.

Clasificada 4

No morí. Cuando desperté, me encontré dentro de la nave.

Charlie, quien se había quedado todo ese tiempo al mando de los controles, me observaba. Junto a él estaba Steve, que mostró una expresión de alivio cuando desperté. Me liberaron del traje y me pusieron una mascarilla para respirar, que me lo saqué luego de despertar.

–          ¿Qué pasó?- pregunté, completamente confundida.

–          Caíste a un foso- me explicó Charlie- o eso fue lo que me contó Michael. Bajaste a explorar el satélite, pero tropezaste y te perdieron de vista. Empezaron a buscarte y gracias a que los trajes cuentan con rastreador, desde la nave, supe localizarte. Cuando te encontraron, estabas inconsciente y tu traje sufrió una rasgadura, lo cual contribuyó a que perdieras el oxígeno- al decir eso, me mostró el traje y, en efecto, en uno de los brazos, se notaba un pequeño agujero- fue una suerte que te hayamos rescatado a tiempo.

–          ¿No vieron la construcción?- pregunté- ¿Al sujeto con la niña?

–          ¿Construcción? ¿Personas en la luna?- preguntó Charlie, sin comprender.

–          ¡Tenían los cabellos plateados!- insistí- ¡Y estaba esa construcción extraña!

–          Solo había rocas- afirmó Charlie, interrumpiéndome bruscamente- la falta de oxígeno hizo que alucinaras. Eso es todo. Ahora te quedarás dentro de la nave hasta que te recuperes por completo. Michael y los gemelos B se encargarán de estudiar el terreno. ¿Lo has entendido?

–          Sí señor- dije, agachando la cabeza para que no viera que me había sonrojado.

Cuando Charlie se marchó, Steve se acercó a mí y me dijo:

–          ¿Entonces los has visto?

–          ¿Tú sí me crees? ¿O me estás tomando del pelo?

–          ¡Sí te creo! ¡Por algo te di esta pistola!- dijo, mostrándome el arma que, de seguro, lo recuperó luego de que me encontraran- escucha. En realidad nuestra misión no es solo establecer una base espacial en la Luna. Nuestra verdadera misión es colonizar la Luna, deshacernos de los pocos sobrevivientes que quedan y, si es necesario, crear más bases para adaptar la luna a la sobrevivencia.

No sabía qué decirle. Steve tenía una expresión muy seria, me miraba directo a los ojos y hablaba sin titubear. Por lo tanto, no podía deducir si mentía o no.

–          Los gemelos B, Charlie y Michael no saben de esto. Yo fui elegido especialmente para esta doble misión. No solo soy astronauta. También soy agente secreto. Y el arma que te di está hecha con lo vulgarmente llamado “tecnología extraterrestre”. En las misiones anteriores, se ha intentado colonizar la luna. Pero los habitantes poseían esa extraña tecnología y, cuando eso, aún no contábamos con recursos suficientes para enfrentarlos. Por eso se suspendieron los viajes. En secreto, se seleccionaron a ciertas personas para crear la tecnología y, tanto física como psicológicamente, se les prepararon para la colonización. Ahora ya contamos con esa tecnología, que nos iguala a los “lunáticos”. La ventaja es que ellos, ahora, sufren de una gran mortandad que contribuye al descenso de su población. Creo que los hemos contagiado con algo. no estoy seguro. Pero de lo que sí estoy seguro es que, pronto, cuando construyamos la base, lograremos colonizar la luna y, así, orientarnos a conquistar los demás planetas y perpetuar nuestra especie humana.

No entendía nada de lo que pasaba. Steve estaba completamente loco. Aquellas personas, con las que me encontré, no parecían ser malas. Podían haberme matado, pero no lo hicieron. Simplemente me ubicaron en un lugar donde mis compañeros podrían hallarme fácilmente. ¿Acaso tenía el derecho de arrebatarles la vida solo para colonizar la luna? ¿Acaso no fue suficiente con lo que hicieron nuestros antepasados, tiempo atrás, al conquistar las Américas? Ante esa idea, miré a Steve con enfado y le dije:

–          ¡No estoy de acuerdo! ¡Ellos son nativos de este satélite! ¡Además son muy amables! ¡Pudieron haberme matado! ¡Pero no lo hicieron!

–          Tenías esta arma. Eso les asustó.

–          ¡Se me cayó! ¡Perdí la concentración! ¡Ahora mismo iré y les diré a los otros lo que está pasando!

–          ¿Ah, sí? ¿Y crees que te creerán? Pensé que, con este viaje, podríamos congeniar y fortalecer nuestra empatía. Pero veo que no. Y ahora que lo sabes, debo encargarme de ti.

Me apuntó con el arma, directo al corazón. Sin embargo, no me asusté.

–          ¡Vamos! ¡Dispara!- le dije, desafiante- a ver qué excusa te inventarás cuando regresen los otros.

–          Diré que no pudiste resistir más la escases de oxígeno- me dijo Steve, con una sonrisa maquiavélica- esta arma no deja marcas ni cicatrices en el cuerpo. Solo sentirás cómo tus órganos vitales dejarán de funcionar y morirás. Ya lo probé con animales, pero nunca con personas. Veremos qué tal funciona contigo.

Clasificada 5

De la nada, apareció la niña de cabellos plateados y se interpuso entre mí y Steve. Con un rápido movimiento le arrebató el arma y, con otro, le dio un severo golpe en el estómago que lo hizo perder el conocimiento.

Sentí que alguien me tocaba el hombro. Me di la vuelta y me encontré con el señor de cabellos plateados. Ambos aparecieron ahí para protegerme de Steve. Quise hacerles muchas preguntas, pero estaba segura de que no entenderían mi lenguaje.

La niña se acercó a Steve, le tocó la cabeza, cerró los ojos y empezó a hacer sonidos de meditación: Mmmh…

Minutos después, se alejó de Steve, puso en mis manos la pistola y se acercó a su compañero.

Los miré y les sonreí. Sabía que eran buenas personas. Y aunque no entendían mi lenguaje, supieron enseguida que quería protegerlos. Era lo mínimo que podía hacer después de que ellos me acercaran a mis compañeros para regresar sana y salva a la nave.

El sujeto extendió su puño, lo abrió y me mostró una piedra negra y lisa, igual a aquel extraño meteorito, pero del tamaño de una pelota de ping pong.

Tomé la piedra y, la misma, empezó a brillar. Pero no era un brillo potente, sino suave. Enseguida, frente a mis ojos, aparecieron un sinfín de lugares extraños y hermosos, todos de diferentes sitios de la luna. Por un momento, volví a ver aquella extraña construcción arquitectónica y, luego, vislumbré edificios circulares y lisos. También vi poblaciones enteras de personas, todos con cabellos y ojos plateados, que extraían agua de las rocas y las bebían sin problemas. Entonces, me di cuenta de que los “lunáticos” solo necesitan del agua para vivir, y que aquel meteorito era un teletransportador que, sin querer, me llevó a otro lugar un poco alejado de mi grupo. Y ese señor me regaló un pequeño teletransportador, que sería capaz de llevarme adonde quisiera, siempre y cuando no fuese un lugar del otro mundo.

Regresé a la nave y la piedra dejó de brillar. El sujeto y la niña desaparecieron y Steve seguía inconsciente. Guardé la piedra en mi bolsillo y, cuando Steve despertó, me puse en posición de defensa.

–          ¿Qué pasó?- preguntó Steve, mirando a su alrededor. Cuando me vio, puso una expresión de alivio- ¿Estás bien? ¡Qué alegría!

–          ¿No recuerdas lo que pasó?- pregunté.

Steve me miró fijamente, con signo de interrogación. Luego se encogió de hombros y dijo:

–          Solo recuerdo que, mientras Charlie y yo te cuidábamos, sentí mucho sueño y me dormí. ¿Dónde está Charlie? ¡Le avisaré que ya despertaste!

–          ¡Ya lo sabe!- le dije. Me puse en una posición natural y continué- me pidió que tomara reposo.

–          Ah, que bien- dijo Steve. Luego, como si estaba recordando algo, continuó- por cierto, ¿No viste nada raro? ¿Como ruinas arquitectónicas?

Definitivamente Steve no recordaba nada de nuestra conversación. Esa niña le borró fragmentos de su memoria. Los “lunáticos” sí que son sorprendentes.

–          No vi nada- dije, dando por cerrado el asunto- solo recuerdo que me acercaba al meteorito y que, luego, caí y me golpeé la cabeza.

–          Ya veo- dijo Steve, un poco decepcionado- bueno, no importa.

Cuando los otros regresaron, se aliviaron de mi pronta recuperación. Luego, nos sentamos en círculo a comer y a conversar sobre lo que haríamos a continuación.

Conservé el teletransportador, así como también el recuerdo de la niña, el sujeto y lo que vislumbré en instantes. Steve nunca logró ver lo que yo vi, por lo tanto ni estaba seguro de si realmente la luna era apta para la sobrevivencia. Logramos construir la base, aunque no duró por mucho tiempo. Aún nos faltaba para establecernos definitivamente y poder vivir como viven los “lunáticos”

Solo espero que, algún día, pueda volver a encontrarme con ellos, conversar de muchas cosas y, así, poder ayudarlos a seguir viviendo en la luna mientras nosotros, los terrícolas, intentamos proteger al único planeta con todas las condiciones aptas para la vida.

Clasificada 6

 

Nota: cuento escrito en el 2012 y collage de imágenes con dibujos creados en el 2013 ^^

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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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