Recuerdos de mis abuelos Delfín Peña y Modesta Cáceres. Felipe Santiago Fernández (1949 – 2015)

Abuelos de papa

Nací el primero de mayo de 1949 en San Juan Bautista Misiones. Cuando tenía nueve años, nos mudamos a Asunción y termino mi contacto con mi ciudad natal.

Mis abuelos Delfín y Modesta eran los padres de mi mamá y los extrañe muchísimo y aun ahora los extraño, sobre todo a mi abuelo. Para mí entonces él era muy alto y muy gordo. Recuerdo que tenía una silla especial reforzada y para mí una sillita, que yo ponía bien al lado para estar lo más cerca de él, a veces me sentaba sobre sus piernas y jugaba con su panza y el pelo del pecho. Yo era muy mimado por ellos, quizás porque era el único nieto que estaba allí. La casa estaba en una esquina y tenía una galería que daba a la calle, por las tardes nos sentábamos los tres allí y veíamos a la gente pasar, que siempre saludaban: “adiós don Delfín” los que pasaban a caballo se detenían un rato y saludaban y el abuelo le daba un trato especial al que tenía un caballo lindo y enjalanado. La abuela liaba los cigarros que venían a comprar señores y señoras y hasta los que vivían en las compañías; una docena, dos docenas, que los envolvía en papel diario.

Cuando hacía mucho calor ensillaba su yegua petiza y después de mucha ceremonia conseguía montarla, se subía sobre un tronco y después a la yegua, que parecía volverse más petiza, yo al anca y enfilábamos al tajamar. En esa época ese tipo de baño era solo de varones, por lo tanto no existía el traje de baño. Mi abuelo se paraba en el muro que el tajamar tenia a un lado y de allí nos tirábamos al agua, era muy ágil en el agua y era la atracción. Como su panza era muy grande estando parado no se le veía el sexo y todos los chiquilines le rodeaban y le miraban para descubrir algo, “misión imposible”. Estábamos más o menos una hora y después volvíamos fresquitos, y tipo seis treinta ya cenábamos y nos sentábamos otra vez en la galería. El abuelo me contaba cosas, despacito, porque la abuela rezaba frente a su mesa de santos, después bendecía a todos sus hijos presentes y ausentes, nietos, sobrinos etc. A veces pedía alguna cosa especial a su santo, después se sentaba con nosotros y venía mi mamá a compartir con nosotros y después nos íbamos a casa.

La abuela era una mujer increíble, tan trabajadora y estoica. Se levantaba temprano, preparaba el mate y barría la casa. Ella misma hacía todo lo de la casa. Algo que me llamaba la atención era el abuelo, que ayudaba en lo que podía y había alguna comida que él preparaba. Nunca faltaba la carne, la leche, el huevo, el queso, el maíz, el poroto, etc. A pesar de los problemas económicos y familiares, nunca faltaba la comida. El abuelo preparaba unos asados increíbles, también cesina o carne seca sobre las brasas y maíz asado. Lo que más me gustaba era que me pelara la naranja: sacaba su cuchillo, tenía una forma especial que no se cortaba la cáscara, hacía una cinta larga y después me hacía un pocito en forma de cono. Me daba la tapa primero y después chupaba el pocito.

Pienso que fueron esos momentos los más apacibles y lindos de mi vida y, en alguna forma, también la de ellos. Tenían una vida tan auténtica y sabían sobrellevar la soledad, porque eran solo ellos. Tal vez por eso yo era muy querido y tratado tan especialmente por ellos. No eran muy demostrativos, pero yo sentía el cariño y el afecto de ellos. El abuelo, para mí, era un hombre tan lindo y, a veces, hacía algunas travesuras y le gritaba asustando a los niños y niñas que pasaban a la vuelta de la escuela. Siempre me esperaba con algo para comer, y yo le tenía que contar qué pasó en la escuela.

Recuerdo algunos días especiales que rompían nuestra rutina. Cuando tío Eulogio venía con su familia, qué feliz estaba. Y otra vez los Mendoza, con María del Carmen, o la visita de tío Isabelino y familia. Días antes se preparaba todo. La abuela contrataba gente para limpiar el patio, traer agua, etc. Todo era actividad y esperanza. Estaban muy felices. Después volvíamos a la rutina, esperando otras visitas. También Oscar (Puchi) aparecía de vez en cuando, alterando un poco.

También recuerdo el día en que se casaron, por la ley civil. Estaban tan tranquilos, como si no pasara nada. Vivieron tanto tiempo con la ley de ellos. Qué podía cambiar firmar unos papeles. Pero la vida y las cosas exigían esas regularizaciones, sobre todos los hijos. Especialmente recuerdo cuando leyeron la libreta de familia. El abuelo reconocía como hijos a mi mamá y al tío Juan Pablo. Al fin éramos todos Peña. Pero después todo siguió igual. Yo me sentía más cerca de ellos, pero supe la verdad: mi abuelo no era mi abuelo, el verdadero era Cano y vivía en Pilar. Nunca lo vi y lo borré.

Cuando pienso en esa época de San Juan me siento como privilegiado y, como todo niño, tal vez egoísta. Y digo, no era mi abuelo, pero yo era su único nieto ahí, a su lado. Disfruté de su cariño y atenciones como nadie. Por supuesto, ellos también de la mía. Y ahora, mirando atrás, pienso que fue hermoso. La nostalgia me invade y me nubla la vista. Me veo sentado al lado de mi abuelo, en mi sillita, tomando mi naranja. Y mi abuela liando sus cigarros, o preparando su chipa asador.

Abuelo, abuela, iporaite piko pe mariposa. Ajagarratana pe hecha haguä. Gueno, anike rejuka. No abuelo, ajepa iporä apoi jeyta. La mariposa vuela y se posa en las flores. El abuelo sonríe y me acaricia la cabeza.

papa con sus primos

En esta foto Felipe tiene en brazos a su prima Marilyn en el patio de los abuelos en San Juan, junto a sus primos Víctor Hugo y María del Carmen. 

Felipe Santiago Fernández Cáceres (1949 – 2015)

Nota: Este escrito fue relatado por mi padre, Felipe Santiago Fernández, y transcrito a la computadora por Carlos Rojas. Gracias a tío Delfín Peña por agregar las fotos al texto y a tía Liza por enviarmelo para compartir por este medio. 

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Acerca de Marisol F.R.

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Una respuesta a Recuerdos de mis abuelos Delfín Peña y Modesta Cáceres. Felipe Santiago Fernández (1949 – 2015)

  1. Delfín Peña (hijo) dijo:

    Hermoso relato de Felipe. Una pintura. Un fresco que loninmortaliza a él y su familia.

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