En la costanera

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Llega un momento en que, por un instante, deseas desconectarte de internet y recorrer la ciudad. En este caso, como que no quiere la cosa, salí de mi casa y fui derecho a la Costanera. Era la primera vez que iba. Fui sola, sin avisarle a nadie. Después de todo, necesitaba caminar un buen trecho. Y, de paso, conocer parte de la ciudad donde nací y crecí.

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Lo que me llamó la atención es que cerraron la avenida. Escuché quejas sobre eso, pero yo lo agradecí. De vez en cuando dejaban pasar algunos autos, pero por lo demás disfruté el estar lejos del ruído, de los bocinazos, de las ruedas, del ruido del motor. En la ciudad existe mucha saturación de sonidos y eso me altera. Es agradable sentir esa sensación de paz en una zona urbana. Y muy pocas veces puedes encontrar eso.

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Caminé y dí algunas miraditas a mi alrededor. Comencé desde el Puerto. Habían algunos botes y lanchas por la Bahía. Había gente, pero no demasiada. La multitud también suele alterar los nervios. Casi todos estaban en familia o con amigos. Vi a unos cuantos con ropas deportivas, trotando o caminando por la Costanera. Los bancos estaban muy próximos uno del otro, lo cual agradecí porque tengo tendencia a cansarme enseguida cuando camino mucho. Y durante el trayecto no encontré demasiados vendedores ambulantes. Eso también lo agradecí, dado que me alteran cuando quieren atropellarte para venderte sus cosas. En una parte de la Costanera, me encontré con una pequeña playa. Es una lástima que el río esté contaminado, si no sería muy lindo pasar el verano ahí. Ya saben, hay que ahorrar para ir de vacaciones a otra ciudad o, incluso, a otro país. Encontré algunos techitos de paja y ahí me percaté de cuánto había avanzado la inundación, porque muchos estaban bajo agua. En la playa también encontré bancos, aunque algunos se sentaron en la arena. Pensé en que sería lindo hacer picnic con amigos. Quizás, cuando tenga más tiempo y ganas, les daré la propuesta a mis amistades.

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Y fue ahí cuando recordé los tiempos pasados, en Porto Alegre. Había pasado seis meses desde que regresé a Asunción y todavía sentía las vivencias de Porto Alegre muy cercanas, como si hubiesen ocurrido un día antes. No sé por qué, pero encontré ciertas similitudes con ambas ciudades. En ambas se sufre del tráfico caótico. En ambas se puede hacer un recorrido por el río y lo hice, la verdad. También en ambas hay muchos árboles en las calles y plazas. Y en ambas los amaneceres son lo mismo. Realmente fue hermoso ese atardecer que presencié en la Costanera, pero eso fue mucho después de haber dejado la playa para recorrer otro trecho del largo camino.

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La verdad, llegué hasta el puente Antequera. Desde ahí observé la Chacarita, siendo afectada por la inundación. Algunas casas solo se podían ver los techos. Y de lejos se veían los edificios, altos, imponentes e indiferentes a la situación de aquel barrio marginal. Entonces me pregunté cómo teniendo una Costanera no pudieron prever que eso pasaría. Seguro en algo se equivocaron, a la hora de la construcción. Se supone que con la Costanera se acabaría el tema de las inundaciones. La verdad no sé mucho de ingeniería ni esas cosas.

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Tomé un descanso y miré las fotos. Todavía seguía recordando a Porto Alegre. A las personas que conocí. Los recuerdos que dejé. Sentí mucha nostalgia, pero debía dejarlo atrás. En la Costanera me dí cuenta de esa realidad. No podemos quedarnos en el pasado, angustiandonos y pensando qué habría pasado si tal o cual cosa. Lo pasado pisado. Podemos tomarlo como una experiencia, pero hasta ahí. Todo eso pensé, mientras miraba el barrio inundado a lo lejos. Hay que vivir en la realidad. El pasado está para darnos una lección, que no se puede volver atrás y que debemos seguir para adelante.
Y eso es lo que hice ahí, en la Costanera. Seguí para adelante. Miré fijo al sol, que ya se estaba ocultando al otro lado del río. No importa dónde esté, siempre me atraen los amaneceres y atardeceres. Ya sea en Paraguay, Argentina o Brasil. Y aquel día no fue la excepción.
Lastimosamente el día terminó. Tenía que regresar antes de que el sol se ocultara por completo. Al menos fue el fin del mar de nostalgias que sentí por varios meses luego de dejar Porto Alegre para regresar a Asunción.

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Nota: Fotos y relato creados en Junio del 2014

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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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Una respuesta a En la costanera

  1. Zuni dijo:

    Qué lindas reflexiones y qué buena experiencia!! 🙂

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