El científico y el perfume

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Un científico estaba muy concentrado con un experimento que hacía.

Quería hacer un perfume, con pétalos de flores como rosas y jazmines, y había conseguido muy buenos resultados, que pensó que ganaría mucho dinero vendiendo ese perfume en el mercado.

Pero antes, quiso llamar a sus amigos para festejar la victoria que consiguió al crear ese nuevo perfume. Les mostraría el experimento, y luego brindarían.

–          ¡Seré rico, muy rico! ¡Con este perfume, seré muy famoso! ¡Cómo adoro ser famoso!- dijo el científico, mientras saltaba de la alegría.

Les envió un mensaje a cada uno, anunciándoles que realizaría un festejo por un nuevo experimento. De seguro, uno de ellos le preguntaría el secreto de ese perfume, pero él no diría nada. Su receta es única, y no dejaría que su meta a la fama fuese arruinada por revelar tontamente un secreto.

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Al día siguiente, aparecieron sus tres mejores amigos: José, Carlos y Santiago.

–          ¡Buenos días! – le dijo José al científico.

–          Gracias por venir- dijo el científico, mientras los dejaba pasar.

–          Recibimos tu mensaje – dijo Santiago- vinimos porque nos hablaste algo de tu trabajo, y quería mostrárnoslo.

–          ¡Ya quiero ver!- dijo Carlos.

–          Bueno, está bien- dijo el científico- pero antes, brindemos por lo que he logrado, y por lo que lograré en algún futuro cercano.

Los cuatro amigos se sentaron en una mesa. Ya habían brindado todo.

–          y ahora- dijo el científico- les quiero mostrar un perfume, el único, el auténtico. Amigos, quiero que lo huelan, y me digan qué les parece.

Los amigos agarraron el perfume, y empezaron a olerlo.

Era un olor agradable. En el fondo, sintieron envidia por el científico, porque deseaban también ser exitosos en sus respectivas profesiones.

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De pronto, Carlos sintió un extraño olor. Le era agradable, pero también le hizo picar la nariz. De los cuatro, él siempre se caracterizó por tener un olfato muy fino. Por lo que miró fijamente al científico y le hizo la siguiente pregunta:

–          ¿Puedo preguntar algo?- dijo Carlos.

–          “¡Zas! ¡Justo lo que me temía!”- pensó el científico muy intranquilo, pensando que le preguntaría sobre los ingredientes y cómo hizo el perfume, pero solo afirmó con la cabeza.

–          ¿Has analizado bien este experimento?- dijo Carlos.

–          ¿De qué hablas?

–          Debes analizar bien los experimentos que haces, antes de mostrarlo al público. Si piensas vender este perfume, sin analizarlo bien antes, correrías el peligro de ser denunciado por lanzar al mercado un producto lo bastante tóxico como para perjudicar la piel. Todos los grandes científicos lo saben.

–          Tienes razón- dijo el científico, al darse cuenta del error que estaba a punto de cometer- la verdad, de tan feliz que estuve, no deparé en ese detalle. Seguiré tu consejo: si es venenosa, no lo venderé, y haré otro que no sea dañino para la salud.

Días después, el científico encontró en su perfume un componente muy venenoso. Por suerte, hizo otro menos dañino, y lo vendió. Se hizo millonario, y con el dinero, creó una fundación para proteger el medio ambiente.

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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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