Una chica peculiar

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Ella era peculiar. No sé si me explico. No era de las más hermosas ni de un buen cuerpo. Era simple. Estatura baja, piel blanca y andar preciso. Sin embargo, era peculiar.

Quizás sea por su ingenuidad, o por esos hombros pequeños que contrastaban con su rostro redondo. O tal vez sea porque, como una niña, se emocionaba con cada tontería que le contaba. Sí, adoraba escuchar mis tonterías. Y me incomodaba, no me acostumbraba a ese trato. Ni menos viniendo de alguien que me pasa por unos años. Por lo general las personas grandes suelen tratarme como criatura. O piensan que hago las cosas por capricho. Cosas de niños. “Ya se te pasará”. Y es gracioso, porque ella también suele tener esa postura.

Pero, aún así, le gusta que le cuente cosas. Yo solo quiero escucharla hablar, aunque a veces me desespera.

Y sí. Me absorve, me estira y me suelta. A veces parece ser posesiva y, otras, siento que me deja. Y no tengo opción, no puedo dejar de pensar en ella. Pienso y pienso y no le encuentro sentido a su presencia.

Y me pregunto: ¿Qué siento por ella? ¡No lo sé!

Para mí, ella ya tiene su vida establecida, trabajo estable y amistades fijas. Yo, que soy un desastre de persona, voy sucumbiendo entre un vaivén de emociones. No tengo trabajo fijo y vivo el día a día. ¡Casi ni pienso en mi futuro! Mi vida es un descontrol, pero me gusta. En mi caos está el orden. Y ella está ahí, con su estabilidad. Pero cuando la escucho hablar, la veo como una persona insegura, sin un rumbo fijo. Casi como una niña. Definitivamente es una chica peculiar.

Sí. Lo sé. Somos diferentes. Hasta nuestros pensamientos lo son. Nos llevamos la contraria, tanto física como mentalmente. Aún así, puede que nos parezcamos en algo: no estamos bien.

¿La quiero? ¡Puede que sí! Disfruto pasar el tiempo con ella, pero prefiero tomar distancia. Adoro esta vida libre, a pesar de mis limitaciones económicas y sociales. No muchos me comprenden, pero ya me acostumbré a eso. Y no sé si ella me comprenderá a mí. Quizás solo piensa que no tengo remedio y prefiere escucharme.

No sé por cuánto seguiremos así. No sé hasta cuándo nos dejaremos llevar por este mar de sensaciones para soltar el miedo y abrazar nuestros anhelos. O mejor aún, echarnos al pasto y ver las estrellas, mientras tímidamente la tomo de la mano y le dijo al oído: “Gracias por estar conmigo… a pesar de todo”.

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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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