Camino de otros días. Capítulo 1: Comienzo y final (parte 1)

Nota de autora: Si no ha leído el prólogo de la novela “Camino de otros días”, le invito a que lo lea, haciendo clic aquí

Sin nada más que añadir, lean la primera parte del primer capítulo.

Capítulo 1: Comienzo y final (Parte 1)

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Lucero acababa de conseguir un empleo. Enseñaría en una escuela primara a niños de primer grado. En realidad ya había enseñado antes, pero como ayudante o realizando pasantías.

Según la directora, el grupo a quien guiaría estarían compuestos por niños tranquilos y deseosos de aprender. Como estaban en primer grado, para ellos sería todo un desafío el aprender a leer y a escribir, así como también a contar, sumar y restar.

Lucero no tenía pareja ni hijos, más por falta de interés que por falta de oportunidades. Vivía en un departamento pequeño, prácticamente hecho para una persona soltera. Sin embargo, se sentía feliz. Era una mujer independiente, que sabía lo que quería. Muy alejada de aquella adolescente tímida y rebelde que era antes. Mientras sus compañeros leían revistas de moda o comentaban sobre sus relaciones amorosas, Lucero se la pasaba en un rincón, leyendo o dibujando. Los profesores no paraban de recomendarle que se relacionara más con sus compañeros, que participara en las clases y que también asistiera a los eventos extraescolares. Cada tanto accedía, pero solo para que la dejaran en paz. Después, volvía a vivir en su mundo.

Lucero llegó al colegio. Se había  puesto el uniforme asignado para los docentes, que consistía en una camisa blanca, pollera negra y zapatos bajos. Los alumnos, en cambio, se pusieron sus uniformes de gala. Las niñas usaban pollera azul oscuro con tirantes y camisa blanca, mientras que los niños usaban pantalones azul oscuro, camisa blanca y corbata azul. Muchos padres mostraban una gran emoción al verlos así, elegantes y limpios, como si fuesen muñequitos.

Aunque a Lucero nunca le gustaron los uniformes, tuvo que reconocer que le agradaba ver a los niños vestidos así. Se veían serios, ansiosos y, los más pequeños, no paraban de mirar por todos lados por encontrarse en un lugar muy diferente al kindergarden.

Entonces, Lucero observó a un niño pequeño. Era el único apartado de los demás. Estaba sentado encima de un banquito, cabizbajo y meditabundo, como si deseara estar en cualquier lugar menos ahí. Junto a él se encontraba su mamá… o eso supuso Lucero. Tenía la cara exageradamente maquillada, los cabellos teñidos de un rubio intenso y un vestido muy ajustado. La mujer acomodaba la corbata del niño, mientras le decía:

  • ¿Por qué esa carota? ¡Sonreí na un poco! Si no se te arrugará y ningún amiguito querrá jugar contigo.

El niño no respondió. La mujer, al ver que no podía hacer nada por él, se encogió de hombros y le dio un beso en la frente.

  • Debo irme. Pasaré a las doce. ¡Que te vaya bien!

Cuando la mujer se fue, Lucero se acercó al niño. Sentía que lo conocía de algún lado, pero no recordaba de dónde. Era como un dejavú.

El niño la miró. Tenía una expresión de tristeza y confusión. Para calmarlo, Lucero le sonrió y le dijo:

  • No temas. Seré tu profesora. ¿Te encuentras bien?

El niño no le respondió, pero movió la cabeza lentamente, de arriba abajo.

  • ¿No hablas? ¿Te comieron la lengua?- Le pregunto Lucero, intentando ser graciosa.
  • Extraño a mis amigos- Dijo el niño, al fin- Odio este lugar. Es feo.
  • ¡No digas eso! Seguro que aquí harás muy buenos amigos. ¿Cómo te llamas?
  • Yo me llamo Lucero. Te ayudaré para que puedas tener amigos y divertirte en esta escuela.
  • ¡No necesito tu ayuda!- Le gritó Manuel, que se levantó y se alejó de ella corriendo.

Un profesor, que lo había presenciado todo, se acercó a ella y le dijo:

  • Tranquila, son solo niños. No intente ser amiga de ellos o no la respetarán.

Lucero lo miró. Era un señor menudo, de cabellos cortitos y lentes de marco grueso. Él, al verla, se ruborizó. Pero la joven docente no lo notó.

  • Soy Lucero. Seré la profesora guía de primer grado- Se presentó la joven.
  • ¡Ah, Lucero!- Dijo el profesor, dándose un pequeño golpe en la frente- La nueva profesora. La acaban de contratar. ¿Cierto?
  • Así es.
  • Mi nombre es Jorge. Soy profesor de música. Si necesita ayuda o tiene dudas, puede acudir a mí. Siempre estaré disponible.
  • Gracias por la amabilidad. A lo mejor, un día de estos, podemos salir a tomar algo.
  • ¡Sí, claro! ¡Siempre es bueno encontrarse en otro lugar que no sea la escuela! ¿No? ¡jajaja!

Jorge era muy charlatán, por lo que a veces eso ocasionaba que no midiera sus palabras. Aún así, a Lucero le agradaba. Era una buena persona.

 

La próxima semana subiré la segunda parte de este primer capítulo 🙂

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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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