Camino de otros días – Capítulo 2: Día y noche (parte 2)

Prólogo

Capítulo 1 parte 1

Capítulo 1 parte 2

Capítulo 2 parte 1

Camino de otros dias cap 2 part 2 color

  • ¿Cómo crees que será el mundo al que van los que dejan de existir?
  • No lo sé, Solestelar. ¿Por qué quieres saberlo?
  • Porque siento que, muy pronto, desapareceré por completo.

Uryan estaba recordando aquella conversación, en que Solestelar le anunció que se marcharía definitivamente. Ella tenía una expresión de angustia, como si temiera el destino que le depararía después de su partida. Uryan se sintió como un completo idiota. Deseaba haber sido un poco más listo para poder consolarla como debería ser.

Así lo encontró Mijail, su hermano mayor, que buscaba alguna solución para curar a Uryan de su tristeza.

  • Este lugar se ha vuelto muy silencioso- le dijo Mijail, sentándose a su lado- recuerdo que, cuando naciste, las garzas violetas se pasaban cruzando el cielo y no dejaban de graznar.
  • Eso fue hace trescientos millones de años- le dijo Uryan- ¿Por qué me hablas de algo tan lejano?
  • Es que me encantaban esas aves- dijo Mijail, mientras movía sus brazos como imitando el movimiento de las alas- eran suaves y elegantes. Por cierto, esa trenza te queda bien.

Uryan aún conservaba la trenza que le hizo Solestelar, a modo de despedida. Ante ese recuerdo, sonrió.

  • ¡Al fín sonríes!- le dijo Mijail, dándole una palmada en un hombro- ¡Ya te veías muy deprimente!
  • A Solestelar la conocí hace cien millones de años- dijo Uryan- estaba encima de un caballo gris y tenía puesta una trenza. Éramos solo unos niños y siempre creí que estaríamos juntos. Pero nunca me imaginé que se esfumaría tan pronto.

Ambos observaron la mantilla de Solestelar, que estaba colgada por una pared. Incluyeron en ella su imagen, para así nunca olvidarla. En realidad el sitio donde se encontraban no era silencioso solo porque las garzas violetas se esfumaron, sino porque Solestelar faltaba. Siempre se la pasaba cantando y bailando, por lo que era la encargada de animar las fiestas con sus bailes. Y siempre llevaba puesta esa mantilla durante las noches, cuando daba sus paseos nocturnos para ver las estrellas o esperar el amanecer.

  • Mijail, tú que sabes tanto, ¿Cómo es el mundo al que Solestelar se marcho?
  • Si te lo cuento, sufrirás.
  • ¿Por qué? ¿Qué hay ahí? ¿Por qué tenemos que ir a ese mundo?

Mijail tardó en responder. Pero no podía seguir ocultándole a Uryan sobre el supuesto mundo donde Solestelar se encontraba. Por lo tanto, lo miró fijamente y le dijo:

  • Como sabrás, nosotros somos seres de “energía pura”, capaces de cambiar de estados según nuestra conveniencia. Por eso podemos volar, bilocarnos y trasladarnos sin movimiento alguno. Sin embargo, como todo ser viviente, tenemos cierto periodo de estadía en el mundo, por lo que, cuando “ha llegado nuestra hora”, simplemente nos desvanecemos. Pero existen otros mundos, donde los seres vivos habitan en envases corporales con “masa y solidez”. Ellos, al contrario que nosotros, solo pueden volar con ciertos artefactos o “si sus cuerpos lo permiten”, pero no pueden estar en varios sitios a la vez. Ellos también tienen su periodo de estadía solo que, al contrario que nosotros, no se desvanecen. En realidad “abandonan” el envase que los contiene. Y dicho envase, con el tiempo, se convierte en esto- Mijail tomó un puñado de arena del suelo, se lo mostró a Uryan y lo deslizó por su mano.

Uryan dejó caer la arena con horror, temblando de pies a cabeza. No podía creer lo que le decía Mijail. ¿Seres vivos atrapados en supuestos “envases corporales”? ¡Nunca había escuchado semejante tontería!

  • ¿No me digas que Solestelar ha parado en esa clase de mundo?
  • Así es. Apenas dejamos de existir, caemos directamente a esos “mundos materiales”, como normalmente se los llama, y perdemos la memoria. A estas alturas, Solestelar se habrá olvidado de nosotros, de su familia y de sí misma.
  • ¡No!- gritó Uryan, sin dejar de temblar y tomando los hombros de Mijail con fuerza- ¡Ella ama volar! ¡No merece ese destino! ¿Por qué ha caído en un mundo tan horrible?

Mijail no respondió. Observó el cielo, que en esos momentos se estaban llenando de estrellas. Recordó que también le había contado a Solestelar sobre el posible mundo donde residiría. Ella, al contrario que Uryan, sintió mucha curiosidad y solo deseaba saber más sobre ese mundo.

Mijail ya había ido a varios mundos “materiales” hacia millones de años. Los nativos de esos mundos lo llamaron por diversos nombres. Algunos le decían “Dios”, otros le decían “ángel” y unos cuantos “extraterrestre”. Les transmitió algunos conocimientos que tenía para ayudarlos en los avances científicos y tecnológicos, pero aún no estaban preparados para entender sobre los planetas, las dimensiones y las fuerzas cósmicas que dan vida a los universos.

Cuando Uryan se calmó, observó también las estrellas y, con una voz melancólica, dijo:

  • Algún día, yo también me trasladaré a ese mundo, me encontraré con Solestelar y volveremos a estar juntos como siempre.

Mijail sonrió. Uryan aún era joven para entender muchas cosas. Y antes de marcharse, le advirtió:

  • Cuando eso pase, Solestelar estará a punto de dejar ese mundo y tú ya no te acordarás de ella.
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Acerca de Marisol F.R.

Artes visuales, dibujo, pintura, ilustración, videos y mucho más
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